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Los escafandristas por Horacio Oliveira

IN A SENTIMENTAL MOOD

Jueves. La prensa nos ofreció un vistoso contraste entre lo que parece Rufufú, y lo que parece Ocean’s Eleven. Por un lado, Jordi Ausàs, ex consejero de Gobernación por ERC durante el gobierno tripartit, ha sido trincado por traficar, presuntamente, tabaco entre Andorra y La Seu d’Urgell, en plan estraperlista. Por el otro, Convergència Democràtica de Catalunya ha sido obligada por el juez a pagar 3,2 millones de euros de fianza porque, presuntamente, durante la etapa en la que gobernó Jordi Pujol i Soley, se financió ilegalmente a través del Palau de la Música (vía dos empresas de buzoneo), la Fundació Orfeó Català, la Fundació Catdem (former Trias Fargas), concesiones ilegales de obras públicas a Ferrovial y “entregas opacas de dinero en efectivo” de manos de Fèlix Millet y Jordi Montull. Mientras tanto, CiU va como una ola en todos los sondeos que salen publicados. A mí, que no me miren: no contesto nunca a encuestas telefónicas y hace años que dejé de trabajar haciéndolas.
No sólo vuelve el pujolismo, vuelven los noventa. El mismo jueves, mientras leía todo eso en la edición de papel del diario, la edición digital informaba de que se había resuelto casi por completo el caso del secuestro ¡de Publio Cordón! Según el ministro del Interior, el pobre tipo, que lleva 17 años desaparecido, pudo morir apenas dos semanas después de ser secuestrado, mientras intentaba huir. La noticia me recordó que, hoy por hoy, aunque dé risa, el principal grupo terrorista autóctono en activo es el GRAPO. Ah, de hecho, también el jueves salió una noticia sobre ETA, pero de nuevo hacía referencia a los noventa: según RAC1, durante los juegos olímpicos de 1992, intentaron hacer explotar una bomba en el Palau Sant Jordi. La fuente, eso sí, es Rafael Vera... También explicaban varias historietas sobre la ceremonia de inauguración: que un periodista se coló en mitad del séquito de atletas españoles y casi llegó hasta el príncipe, que dos actores de La Fura dels Baus intentaron desplegar sendas pancartas reivindicativas, que tenía que actuar Camarón de la Isla pero lo descartaron porque no andaba muy fino y que el pebetero, obviamente, no fue encendido por una flecha lanzada homéricamente por un arquero paralímpico. De hecho, La Vanguardia, diario del mismo grupo que RAC1, ilustraba esta información con una excelente fotografía de su gran periodista gráfico Pedro Madueño en la que se ve perfectamente cómo la flecha describe un arco que sobrepasa el pebetero y se pierde en las inmediaciones del estadio. No recuerdo si el diario publicó esa foto al día siguiente de la ceremonia.
Por la tarde, ese dichoso jueves, fui a una manifestación como las de 1996-2004: contra las políticas del PP, con mucha gente y con mucho cabreo en el ambiente. La Vía Layetana, llena de punta a punta. Me divirtió cruzarme con Vicenç Navarro, el último socialdemócrata, porque iba disfrazado de Tom Wolfe: vestido blanco y sombrero blanco. También me llamó la atención ver a militantes socialistas protestando contra los recortes (donde dije digo...). A pesar de la mucha afluencia de manifestantes, me encontré, como siempre, a algunos compañeros de trabajo que no fallan nunca, a mi amigo el fotógrafo, al titiritero, a dos viejas colegas comunistas que se estaban pegando una chapa de aquí te espero la una a la otra -que me disculpen si no las saludé- y a un montón de pesaos tirando petardos, que me molestan tanto en una mani como en San Juan.
Llegué hasta mi antiguo barrio y volví a casa dando un paseo. Por capricho, me metí en la Casa de l’Ardiaca, que estaba abierta; no vi el ou com balla (claro, no era Corpus Christi), pero recordé cuando iba a verlo de pequeño. Y pensé una vez más en el famoso final de El Gran Gatsby: “Y así vamos, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia nuestro pasado”. Al llegar a casa, en internet, la noticia era que los recortes ya habían sido aprobados en el Parlamento por la mayoría absoluta del PP. Como en los noventa y un poco más allá, cuando gobernaba Aznar. Hale, ya nos podemos ir de vacaciones cantando “yo soy español, español, español”. Me preparé la cena, como siempre, con música de fondo, algo para acompañar la melancolía. Otra vez John Coltrane, otra vez In a Sentimental Mood, tema que he escuchado cien mil veces. “¿Para qué voy a las manifestaciones?”, me pregunté, y me respondí: “para que no se me caiga la cara de vergüenza; que ganen siempre ellos, si no hay más remedio, pero que no se diga que yo no he hecho nada”. No es resistencia, es dignidad. “¿Y para qué escribo?”, me dije, “¿para quién?, ¿qué objeto tiene todo esto?”. Coltrane. In a sentimental mood. “¿Sobre qué escribiré después de las vacaciones?”. Iremos viendo.